miércoles, 16 de julio de 2014

La estética de Oscar Wilde


El primer texto del libro Intenciones es un breve ensayo en el que Oscar Wilde expone su teoría estética. Al igual que en las primeras entradas de este blog me centré únicamente en un texto para hacer referencia a las estéticas de Walter Besant y de Henry James, también aquí he decidido, por analogía, fijar la atención en La decadencia de la mentira, publicado por vez primera en 1889.



El título llama la atención, pues el término "mentira", que tiene un significado moral, es el elegido por Oscar Wilde para hablar de ficción, palabra que Wilde no utiliza. El uso de "la mentira" tiene un propósito provocativo, es una forma de llamar la atención sobre su rechazo a la actividad artística de su tiempo y es también una manera de presentar lo que él denomina la "nueva estética", la suya, que precisamente nos dice el autor nada tiene que ver con la moral.

El planteamiento de Oscar Wilde es complejo y radical, y esto justifica, en parte, el uso del vocablo "mentira". Cuando se habla de ficción se está informando de que el discurso no se refiere a lo que existe, que es inventado y se tiene así una deferencia con el espectador o lector. Si se habla de mentira, se advierte que se va a engañar, pero la advertencia niega el engaño. La paradoja de Wilde tiene el propósito de alterar nuestra concepción sobre la verdad en el arte. El arte conlleva una verdad en sí misma, que nada tiene que ver con la verdad en el mundo en el que se desarrolla nuestra existencia. Y la verdad en el arte no es ontológicamente inferior a la verdad del mundo de la vida. Según Oscar Wilde esto es así porque la vida es la que copia el arte, y no al revés como afirman las estéticas naturalistas o realistas. En nuestro mundo cavernoso, los seres humanos no estamos interesados en la verdad, lo estamos en la salud y en el dinero, pero en cuanto buscamos algo más necesitamos del arte, de un arte elevado que no reproduzca nuestra pobre condición humana.

La estética de Wilde tiende a la idealidad como garantía de la supervivencia de un tipo de actividad ,como la artística,  que nos eleva por encima de las pretensiones de verdad del sentido común y del pensamiento racional. Roza el carácter místico, de ahí la preferencia por la religión católica frente a la protestante, tan parca en representaciones sensibles, y las dos alusiones que hace a Platón. Es posible interpretar la forma de diálogo que tiene La decadencia de la mentira como un pequeño homenaje a este filósofo griego que enseñó que la verdad no se encuentra en el terreno de las experiencias de este mundo, sino en otro ámbito, el de la belleza ideal. La mentira salva al hombre de sí mismo, pues todos los seres humanos se parecen unos a otros demasiado y la existencia apegada a la certeza de lo terrenal es la cárcel de la imaginación. La mentira es lo que les hace libres y lo que les permite la entrada al mundo de lo bello; esta es, a mi modo de ver, el significado de esta cita:
"Al igual que aquellos que no aman a Platón más que a la verdad no pueden pasar bajo el umbral de la Academia, del mismo modo aquellos que no aman la belleza más que la virtud nunca conocen el altar más recóndito del arte."
A continuación, por mor de la claridad, voy a contraponer algunas tesis de Oscar Wilde con las que encontramos en El arte de la ficción de Walter Besant y de Henry James. A pesar de la diferencia en el alcance de las teorías de uno y otros, es posible establecer ciertas comparaciones. En sus respectivos textos, Besant y James se dirigen a un hipotético aprendiz de novelista y por tanto se refieren sobre todo al arte narrativo, además ambos hacen alusiones frecuentes a la pintura. En La decadencia de la mentira, las reflexiones de Oscar Wilde incluyen cualquier actividad artística, desde la reina, que es la música, hasta las artes decorativas, aunque son más numerosas las referencias a escritores, sobre todo para criticarlos como hace por ejemplo con Émile Zola, George Eliot, e incluso con Shakespeare.


"El arte representa la vida".- Si pensamos que decimos la verdad es que estamos convencidos de que existen unas descripciones fieles de lo que ocurre, de que la vida y la realidad están homogeneizadas por todas las acciones de los seres humanos que hacen del mundo su hogar. Esta es una visión bastante tranquilizadora para algunas personas. En este mundo, el arte tiene la finalidad de estabilizar las emociones y de integrar la imaginación de los humanos en un marco de referencias compartidas. Esta ha sido la interpretación de Besant.
"Asimismo, la moderna novela inglesa, en cualquiera de sus formas, casi siempre comienza con un consciente propósito moral. Cuando no es así, tan acostumbrados estamos a esperarlo, que sentimos como que ha habido un rebajamiento del arte."

Cuando en el ensayo al que nos referimos, Wilde escribe que "sin el mentiroso, incluso una fiesta es tan anodina como una conferencia en la Royal Society", enseguida nos acordamos de Besant que pronunció allí su texto en 1884. Para Wilde, la estética de Besant sería un ejemplo, incluso caricaturesco, de todo lo que él rechaza.


"El arte compite con la vida".- La verdad se encuentra y se descubre, piensa Henry James. La realidad es tan multiforme que la mirada del artista, la persona con talento, ofrece una perspectiva nueva sobre la realidad. La vida no responde a ningún patrón establecido de antemano, pues el hombre crea nuevos modos de enfrentarse a las situaciones, y es ahí donde la ficción puede competir con la vida. Es un hecho que se muestra en muchas de sus novelas: las situaciones son únicas y no le queda más remedio al hombre que utilizar su imaginación. La narrativa no tiene una función directamente moral, su cometido es estético para satisfacer la imaginación de artistas y receptores de la obra de arte. No obstante, el trabajo del artista es serio, su empeño en dar lo mejor de sí en cada acto creativo es bueno, es ejemplar desde un punto de vista moral.
"Captar la nota misma y el modo, el extraño ritmo irregular de la vida: tal es el intento cuya fuerza mantiene en pie a la ficción. En la proporción en la que nos ofrece la vida sin un reacomodo, sentimos estar tocando la verdad; en la proporción en la que la vemos con reacomodos sentimos que nos están desencaminando con un sustituto, un compromiso y una convención."

La visión jamesiana del arte todavía está demasiado cerca de la realidad de la vida. Es ficción y Wilde persigue la mentira. La idealidad del arte consiste en dar la espalda a la vida, en buscar no un nuevo sentido, sino la diferencia que aporta la mentira. Pero no vale cualquier mentira: el estilo es la única obligación y también la limitación de la actividad creativa. El resultado tiene que ser una bella mentira.


"La vida imita el arte".- La inversión de los términos es un elemento distintivo de la nueva estética de Oscar Wilde. El arte empieza, en efecto, con la vida, pues el desenvolvimiento de la energía de la vida es expresión. Pero Wilde afirma que el arte se independiza de su origen; si no lo hace, decae la creación de la belleza. Ésta sólo necesita de la imaginación y el mundo de lo cotidiano embota esa capacidad. Besant y James veían con buenos ojos que el novelista tuviera un bloc para ir tomando notas de lo que les llamaba la atención como motivo de una posible inspiración. Wilde rechazaría esta técnica que necesariamente tenía que ver como una rémora, un encadenamiento innecesario al mundo físico. La vida reclama para sí al arte, pero no puede entrar en su círculo so pena de desvirtuarlo. Pero si el arte no necesita de la vida, sí que nuestras percepciones del mundo son dependientes del arte. Wilde pone variados ejemplos de este hecho, he aquí uno de ellos que se refiere a la pintura:
"¿De dónde si no es de los impresionistas, tenemos esas maravillosas nieblas cobrizas que se deslizan por nuestras calles, empañando las farolas de gas y tornando las casas en sombras monstruosas? ¿A quién, si no a ellos y a sus maestros, debemos las encantadoras neblinas plateadas que se ciernen sobre nuestro río y que adoptan formas evanescentes de puentes y barcazas oscilantes?"
El arte por el arte, la belleza como único fin y la indiferencia con respecto a cualquier criterio moral son caracteres de esta estética. Oscar Wilde piensa que su teoría comprende la belleza del arte occidental y oriental y que es capaz de explicar las más grandes obras de arte, pues no se puede recurrir a las épocas históricas de las que provienen. Wilde realiza una inversión coherente con la anterior: son las épocas los símbolos de las creaciones artísticas, no debemos buscar la comprensión de la obra de arte a partir del momento histórico en la que se creó. Las obras de arte duraderas, que son las únicas ya que poseen la calidad y la cualidad de superar las épocas históricas, orientan las acciones de los seres humanos. El movimiento no es, por tanto, del momento histórico a la obra, sino al revés, la creación artística como modelo o explicación de lo que está por venir.


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